Una interesante reflexión acerca de lo que compartimos en las redes sociales, y de cómo solían ser las cosas antes del ‘boom’ de las mismas.
(Vía Hacker News)
(Las tecnologías de hoy necesitan una opción para “descolgar”)
Claro, puedes apagar tu smartphone cuando quieres un poco de tiempo a solas, pero cuando lo prendes nuevamente, como en la gran final de un espectáculo de fuegos artificiales, el teléfono saltará, repicará, trinará, bailará y vibrará erráticamente con mensajes de texto, de voz, notificaciones de aplicaciones, e-mails y un cañoneo de mensajes de todas las redes sociales a las cuales estás conectado.
Sip.
Demasiado cierto…
4 903 notas Ver comentarios (via physicsphysics & theatlantic)
La actividad relativamente nueva de estar revisando constantemente nuestros teléfonos, es decir confirmando nuestra existencia dual, tanto en la vida real como en el mundo virtual de las redes sociales, cambiando entre la gente presente en carne y hueso y la conversación ininterrumpida con “amigos” que tenemos cruzando fronteras y husos horarios, es un fenómeno interesante. Me quedé pasmado en primer lugar por la facultad que tenemos para aislarnos por unos pocos segundos en medio de un bar bullicioso y atestado, y olvidar inmediatamente nuestros alrededores, dejando cándidamente que el mundo virtual se refleje en nuestros rostros. Las máscaras sociales caen por un fugaz momento, y nuestro placer, nuestras preocupaciones y penas, se muestran a la vista de todos. Ese es el momento que trato de capturar. Yo veo el alma de la gente.
Muy interesante concepto para una colección fotográfica. El artículo en sí está en ingles, pero vale la pena.
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Eres un chico musulmán de 16 años en (Estados Unidos de) América. Supongamos que tu nombre es Mohammad Abdullah. Tus compañeros de colegio están convencidos de que eres un terrorista. Se ponen a buscar en Google cosas como “Mohammad Abdullah es terrorista?” y “Mohammad Abdullah al Qaeda”. El motor de búsqueda de Google aprende. De repente, el autocompletado empieza a sugerir términos como “Al Qaeda” como el siguiente término en relación con tu nombre. (…) Tú sabes que no tienes nada que ver con Al Qaeda, pero Google da la impresión de que sí. Y la gente está llegando a esa conclusión. Le escribes a Google, pero nada resulta de ello. ¿Qué haces?
Esto es culpa por asociación algorítmica
Interesante reflexión acerca de los efectos secundarios negativos de los algoritmos que actualmente gobiernan nuestras vidas. Vía Trivium
Prints available.
Vía Microsiervos, a quienes debemos agradecer la siguiente traducción:
No deja de ser asombroso que en nuestra sociedad hayamos llegado a un punto en el que el esfuerzo necesario para extraer crudo del subsuelo, enviarlo a una refinería, convertirlo en plástico y darle la forma apropiada, para luego transportarlo a una tienda, que alguien lo compre y se lo lleve a casa se considera menor que el esfuerzo necesario para simplemente lavar la cuchara cuando has acabado con ella.
Estamos más interesados en la conveniencia y la inmediatez que en la responsabilidad y el valor perdurable.
De lectura requerida.
Si, por favor, tómense 5 minutos para leer esto. Yo diría que es de lectura obligatoria.
Interesante post en Indieciencia acerca de David Eagleman, un neurocientífico que lidera un esfuerzo para “utlizar el conocimiento que acumulamos de las neurociencias para reflexionar sobre la manera como se aplican leyes, se persiguen criminales e incluso pensamos en el concepto de culpa y libre albedrío”. De lectura recomendada.
Vía Practical Opacity, un interesante comentario acerca de nuestra dependencia a las redes sociales:
Estás solo en casa, pero mirando las actualizaciones de estado de tus amigos que cuentan acerca de una gran fiesta llevándose a cabo en algún lado. Estás al tanto de más fiestas que nunca antes. Y, tal cómo las membresías del gimnasio, el añadir películas de Bergman a tu cola de Netflix y el apilar copias sin leer de The New Yorker, mirar estos feeds te da la sensación de que estás participando, de que no te la estás perdiendo, aún cuando sí lo estás haciendo.
De lectura recomendada.
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Una decisión acertada por donde se mire. (Al menos en un par de cosas está acertando este gobierno :) ).
Vía Twitter:
“The Flower” contrasta una sociedad utópica que cultiva y consume libremente una flor que produce placer con una sociedad donde la misma flor es ilegal y su consumo está prohibido. La animación es una meditación sobre los costos sociales y económicos de la prohibición de la marihuana.
Puede ser un poco idealista, pero no deja de invitar a la reflexión. Viene además a tono con los recientes comentarios sobre la legalización de la marihuana surgidos durante las elecciones municipales. Muy interesante…
(Fuente: youtube.com)
“El recuento de un insider adicto acerca de lo que está pasando con nuestras vidas reales y relaciones en la era de la Web social y en tiempo real”. Prometedor, al menos por el primer post que he leído… Vía dive into mark
(Muerte, Facebook y disonancia cognitiva), un interesante post en kuro5hin acerca de lo que pasa en Facebook cuando uno de sus usuarios fallece…
Puedo atestiguar que es una situación extraña la que se desarrolla en ese caso: hace poco falleció alguien en mi familia paterna de modo bastante abrupto, y esta persona, joven aún, tenía una cuenta en Facebook; al poco tiempo se hizo eco en las noticias acerca de cómo todos sus conocidos le habían dejado mensajes en su muro, a modo de despedida… Situación curiosa, si tenemos en cuenta que, como dice en el post de kuro5hin, esta persona ya no leerá los mensajes, y estos tienen como destinatario real el resto del mundo, o quienes sobreviven a la persona fallecida, como evidencia del afecto hacia quien ya no podrá responderles.)